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50 Fallas de Sección Especial

NO SÓLO NÚMEROS

Acontecimientos así tienden a resumirse en cifras, en este caso 56, 14, 16, 34, 50…que veremos muy relacionadas con la historia de la plaza del Pilar, pero que a fin de cuentas poco tienen que ver con aquel primer aplauso y lo vivido después 

El número 50 de la falla número 34, se obtiene fácilmente sabiendo que en 56 años de historia, 2 transcurrieron en Primera categoría y 4 en segunda. No existían las divisiones A, B, C, y es que entonces sólo era cuestión de números ordinales… 

Sin dejar de hablar de cifras, el estreno se produjo 1959, y la falla de Pascual Gimeno obtuvo un 5º premio. Si sumamos desde entonces, el resultado es de 51 fallas en Especial. No salen las cuentas, pero es que en 1960 hubo un breve retorno a Primera… para coger carrerilla. 

50 fallas, con 16 artistas diferentes que ni mucho menos se dividen el número de fallas por igual, ya que el 50% exactamente, corresponden a tres artistas: José Martínez Mollá (7), Vicente Agulleiro (9) y Julio Monterrubio (9). Aún así, incluso los que cuentan con solo 1 falla en la plaza, forman parte importante de esta historia “numérica”. Por ejemplo, los Hermanos Fontelles inauguraron nuestro estandarte con la primera medalla que fue de plata, mientras Huerta logró el primer “Primer premio” para la comisión en la máxima sección, también con su única falla en 1966. 

Hasta ese año, se contaba con 2 de los 16 Primeros premios que por suerte se han recogido. Resulta sencillo saber así cuántos de ellos son de Sección Especial sin más que restar. Casi un 30% de las participaciones se ha conseguido el triunfo, llegando al podium en más del 60%. 

UN POQUITO MÁS ALLÁ 

Podríamos estar así páginas y páginas donde números y años se sucedieran de forma algo mareante… sumas, restas, porcentajes y hasta gráficas… simples datos de lo que han supuesto los 50 años. Pero lo mejor esta un poco más adentro, marcado por el aplauso general, nervioso pero feliz cuando se decidió en votación concursar por primera vez en Sección Especial. 

Desde entonces esa sensación nada numérica se sucede cada año, desde la incertidumbre del día que conocemos el boceto de la falla allá por el mes de abril o mayo, hasta la cansada y melancólica post-cremà en el casal. 

Imposible olvidar las visitas al taller de los artistas, desde la cercana calle Espinosa hasta Daimús, Burriana o Carcaixent. El recuerdo de todos, falleros y artistas, que pasaron muchas horas trabajando en la plaza.
La indescriptible sensación de la Plantà al tombe, con grúa o con andamios; de mucho esfuerzo en casi todas con o sin césped y arena. Noches de Plantá emocionantes e interminables con Agulleiro o nerviosas pintando la vaca de Mollá; el último heraldo de Monterrubio ajustando en lo más alto de la falla coincidiendo con el primer rayo de sol… 

La falla 50 de 2009 vale como un buen y cercano resumen en la que se juntaron todos los elementos, con una gran falla, una plantà intensa, el aplauso generalizado de todo el mundo… Tan solo falló el premio, quizás para demostrar también cómo hay que saber perder. 

Así cada año: la primera pieza que llega a la plaza y que se mira cien veces con todo detalle; la cena de la Plantà a la que vamos todos muy guapos; la tarde en que dicen los premios, con carreras desde el hemiciclo al casal o tras horas de espera escuchando la radio; la caída de un buen remate en la cremà; días y noches de fiesta… son todos momentos que trascienden con mucho a los números. 

Todos los abrazos, disgustos, sustos, líos, sorpresas, alegrías e incluso lágrimas compartidas en estos años, y las personas que lo han hecho posible, nos marcan al final y de verdad, la importancia real de estar 50 años en la Sección Especial.